Isadora María Del Río


Mi casa entre las sombras,

llena de verde, de gris, y por fin blanca,

hermética y segura.

Mi casa, rehecha de molduras de plata,

se volvió piedra irredenta de los hombres.

Mi casa navegaba entre el polvo y el silencio,

perpetua e inmaculada como la virgen,

recogía a los elegidos de su antojo.

Mi casa sobrevivió a los milagros,

calcinó el gemido oculto de las fieras...

desbordó lo dulce y lo amargo de la infancia.

Mi casa ya no habita,

flota en el espacio sin ventanas,

voló con el estiércol y el olvido,

se hizo iglesia del pasado,

Mi casa es el viento que arrastra,

el susurro de sus muertos,

Mi

casa

soy

yo.


Marzo, 2015.


Sigo desnuda de prejuicios y misterios ...

Sueño lagunas de tesoros,

amanezco culpable de la suerte.

Paolo está muerto,

Francesca resucita en el silencio,

atraviesa el Aqueronte y remonta el firmamento,

las palabras de dolor

ya no le rozan,

los ignavos la distinguen en la sombra,

claman por ella y la veneran,

piden, y piden,

desde su errada suerte,

convencidos y perpetuos.

Al otro lado un alazán la convoca, salto, dicha...

No más el viento,

no más el grito,

la tortura es pasado,

disperso el tornado

de besos rotos y vacíos.

Salvada, caen las cabezas en sus piernas,

yacen los proscritos en el lodo,

acaricia la raíz de un crisantemo,

gime,

anhela,

anuda su vergüenza virgen a la soga de un velero.

Incrédula,

augura,

sueña.

No padece.


Enero, 2021.




A MI Y A LOS PERROS

De vez en cuando nos pisan el rabo

sabemos del costo de la vida,

de pronto aparecen los volcanes,que nos hacen saltar

cuidamos los caminos, nos mordemos con palidez

ellos calcinan sus huesos y se nos muestran,

avanzan definitivamente sobre la llama,

el ruido nos hace mortales

el agua ya se acaba y quedan siglos por andar

violentamos los sabores ya conocidos,

espiamos

tras el cuervo y el espanto,

casi extenuados de tanto caer levantamos el último grito,

aquí la nieve no llega

y los gatos, no son tan gatos,

las violetas se despintan con miel

Y la canela no surte ningún efecto,

las naves se proclaman inútiles...

Quién ha preguntado por los perros?

era un espejismo,los perros no existen,

son las voces del volcán que llama a su lava,

lava vieja e inoportuna

lava de silencio,

lava de tiempo,

lava, lava, lava,....

Vendrán otros túneles?

siguen las voces,

callense perros, por qué gritan?

Cantando la nave esparce la brújula dislocada,

Se avecinan silencios, muchos silencios,

y un infinito olor a selva colonizada,

los pinos dejan de ser erguidos

y las palomas blancas

mutilados, pero aún vivos,

recogemos nuestros trapos,

tomamos la leche y dormimos.


Abril,1986.




Septiembre fue promesa presentida,

universo en suerte de laberinto,

la poesía del mundo,

encerrada en un zapato,

caía la lluvia,

el sol sonaba a paraíso,

senderos transmutados,

corrían a mi cintura,

sin impaciencia,

bordaba con canutillo cada sombra,

la vieja luna, pareció más joven,

sorteando algún abismo,

traspasó la pesadilla.


Levantó la fragata su bandera,

no hay retroceso,

todo o nada,

soy tiempo y todo,

luz incierta...

El sitio, su pauta, su espera,

El hombre, una piedra sabia,

no pregunta, bosteza

Increpa, ataca,

no espera, no acalla,

reblandece sin atavíos, ni ternuras.


Como floresta enrarecida,

las manos se vuelven mis ojos,

suavizan cicatrices olvidadas,

lenguaje táctil del pasado,

clama por la entrega de lo falso,

depuran rezagos casi muertos,

de una tensa escarcha acumulada.


No espero piedad, ni sombra.

El tablado cierra,

apenas el rubor vacila,

vanidades impuras

tuercen encantos lejanos.

No más septiembre promesa presentida.

Se escondió el sol,

y la lluvia vino a mi patio.

Isadora María del Río (Camagüey, Cuba 1959).

Licenciada en Español y literatura.