Edelmis Anoceto Vega

ERÓTICA SUSTANCIA INDIVISIBLE

I

Imponderables reinos en los ojos,

Espejo de paciencia frente al mar,

aquí la concurrencia de un azar

que solo legitima sus despojos.

La letra nos hermana cual esencia

fluyente y memoriosa por las venas;

los culpables escriben en arenas

movedizas. Atrofia la influencia.

Versos pareados para el mercadeo,

en la tarima la literatura

línea por línea. Deponer lo escrito

noche tras noche, ahora. No hay trofeo.

Los ojos pueden ver la tachadura,

ojos que fueron de la niebla un grito.

II

Estas visiones son un desperdicio,

un vaso desechable, mas de alcohol.

Que siempre me seduzca el descontrol,

digna manera de perder el juicio.

¿Taladrar en la piedra es un pecado?

¿No lo será también dejarla ilesa?

El moribundo en lágrimas confiesa

de la existencia haberse enamorado.

Humanos basureros, escoriales,

la ciencia literaria es un tabú.

Las ilusiones ya no son iguales

por veleidades de la economía.

Cuervos que fueron de la patria un día,

por la ventana entraba el marabú.

III

Mi corazón es inconsciencia pura,

¿pura conformidad?, ¿mercadería?

A la intemperie cuerpos de la orgía,

al quirófano grave la escritura.

Después que pasa la ventisca, roto

queda el cristal del alma. Es una pena,

pero el pecado se desencadena

en las ensoñaciones del devoto.

El vino por la boca en avalancha.

«¿Qué cuadro estuvo conde está la mancha?»

Este es del caos otro aniversario

sin celebrar. Me alejo del festín.

Huelo putrefacción en el jardín.

¿Qué jaula estuvo donde está el canario?

IV

Una sola canción, canción de amor,

por suerte se distancia de la boca,

«traste de ámbar por su sueño toca»,

y ansía despertarse. No hay rencor

mientras en lo baldío se destile

esta humedad sangrante. No hay empeño

que devuelva los huesos a su dueño

y en la deriva, lejos, los mutile.

Detrás de paredones, temerosas,

se represan las aguas de la duda,

cauce roto que espera su momento.

Esta es la muerte de todas las rosas

imaginadas, muerte sin ayuda.

Lenta consagración. Suicidio lento.

V

Para que el alba oferte su misterio

marmóreo, transparente, dibujado

contra el silencio que nos es legado,

nacen estatuas en el cementerio.

Para que el viento empiece su ritual

y deje entre nosotros el mensaje

preferimos andar sin camuflaje

desnudos por la selva tropical.

Imaginar los burdos espectáculos

del firmamento, consultar oráculos.

La providencia que es ritualizada

como el arribo de la primavera.

Para no ser escudo ni bandera,

la batalla perdida sea ganada.

VI

Esta pobreza tan gratificante,

estas mutilaciones con reflejo

en el pantano, terrenal espejo,

esta llaga en la carne del amante.

¿Será verdad que nada nos depara

la migración desde la noche al día?

¿A tierra santa, la tierra baldía?

Esta morada que nos desampara.

¿Por qué la vida nos parece un chiste

si al doblar de la esquina Dios existe?

¿Por qué nos empeñamos en querer

la comunión perfecta entre las partes

en desacuerdo: el hombre y la mujer?

¿La eternidad por fin comienza un martes?

VII

Esta no es la canción del emigrado

contra las utopías que se han ido

ni contra los rebeldes sin sentido.

Esta no es la canción contra el Estado.

Adiós virginidad, adiós futuro,

ya no soy el guardián en el trigal,

lentamente transcurre el funeral

de los santos devotos, de lo puro.

De lo puro, divino, de lo sacro

no es esta la canción. Al paraíso

perdido volverán otros cantores.

Esta no es la canción ni el simulacro,

ni coronas de espinas ni pastores.

No miro al cielo mientras agonizo.

VIII

Un guijarro que salta sobre el lago

finalmente sucumbe. Octubre pasa

clandestino en el patio de la casa

y nosotros ajenos al estrago.

Un guijarro que salta en un instante

entra en lo eterno como en el Leteo.

«No somos nada», canta el corifeo,

Hacia el espacio un maniquí sangrante.

¿Toda esta gloria se desencadena,

se disipa o se erige en lo deshecho?

Un guijarro en las aguas de Internet,

y nosotros ajenos a la escena.

«No somos nada». Octubre es un cliché,

una conspiración. ¿Con qué derecho?

IX

Tengo una muerte, tengo un apellido,

erótica sustancia indivisible,

un cuerpo que respira lo imposible.

Siento nostalgia de donde he vivido.

Tengo esta sombra hermana del asfalto,

la noche que se escurre por las venas

hacia la madrugada, mis cadenas,

las ganas de llorar sin sobresalto.

El vicio de inventar mi absolución,

una hija hembra y algún hijo macho,

recuerdos traducidos a otro idioma.

Ningunas ganas de hacer tierra en Roma,

que para naufragar no hay estación,

que para no soñar duermo borracho.

X

Sucede en lo virtual mi biología,

criatura desterrada, perezosa.

Pido perdón, la vida fue otra cosa,

otro episodio más de la utopía.

Adiós presente. Estoy donde se inclina

hacia el alma mi cuerpo tembloroso,

¿bajo qué sombra celestial reposo?

¿Existo porque alguien me imagina

o me sueña en su noche turbulenta,

el que consulta un verso con la almohada,

el que hace del insomnio su canción,

canción de cuna, sentimental song,

Soldier of Fortune, Sargento Pimienta?

Todo me exilia de la madrugada.


Yo estuve en Santa Clara y suponía

ciertos milagros: que alguien por capricho

levantara la vista, me extendiera

eso que olvido, en general, por suerte.

Di con mi cuerpo allí, siempre detrás,

donde nadie asomaba su cabeza

ni rubia ni morena; lejanía

de un calor sin sentido nacional.

No había manera de que me enrolaran

la hebras de un destino tan remoto,

tan hecho a la medida de otra gente,

siluetas que se borran con el viento.

Más bien sentía el triunfo diminuto

de ser para la especie hombre secreto,

que ni mirar al cielo lo ilusiona

(cielo de Santa Clara o cielo raso).

Yo andaba por los márgenes, sin causa,

con un frágil candil por toda estrella,

desde todos los mares hacia un mar,

delante estaba el hombre sin los hombres.

Porque me deslumbraba lo específico,

lo ignoto que se asoma y se sospecha

y ante los ojos deja su heredad

como un ascua apagada por la lluvia.

Traía algunos cuerpos a la tierra,

sus raíces en noche tormentosa

se cargaban de aromas, y era música,

era vida la muerte en Santa Clara.

Mis párpados, dos halos de tristeza,

convocaron a lentas dimisiones,

las salidas a espacios verdecidos

donde se puede reposar la espalda.

Apenas llegué al mar me sentí lejos

de quienes me esperaban en silencio,

para que les dijera de mis huellas

en la antigua parcela de los hombres.

Y yo debí volver, debí crear

una puerta de escape hacia mis hijos,

y entonces asumir la vastedad

que sobre mí se cierne desde siempre.

De Poker Flat yo fui el desterrado,

de Bajo Delta y la Hiperbórea azul,

compuse de la página al latido,

en la rueda de imágenes yací.

Pero mi voz quedó dentro del pecho

extasiada en la sangre y en la vértebra,

ajena ya a los polvos y los vientos,

pacientemente líquida, en reposo.

No pude ver, no pude ver, no pude…

Bajé por otras cuestas más abruptas.

Quise labrar un huerto en Santa Clara,

conducir un rebaño hasta la fuente.

Quise saciar las bestias con mi sed,

descomponer los sueños, el rizoma

creciente bajo el peso de mis huellas,

y entrar cual semejante en lo diverso.

Poner en la molienda mi esperanza

fue girar en la rueda del molino

una vez más; las luces y las sombras

nupciales como nunca ante los ojos.

Moré los años todos de la vida

y bebí de sus días y sus noches,

dos cálices que fueron alimento,

punto del tiempo, mancha en el espacio.

Ahora veo que todo se resiste,

se sigue resistiendo, las columnas,

los pórticos que dan al infinito,

extramuros también bajo los astros

que son también la misma interrogante.



Edelmis Anoceto Vega (Santa Clara, 1968)

Poeta, ensayista, narrador y traductor literario. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesas por la Universidad de La Habana en 1994. Miembro de la Uneac.

Ha publicado los libros de poesía Cantos del Bajo Delta (Sed de Belleza, 1998); Imago Mundi (Beca de Creación El Girasol Sediento de la AHS en Cienfuegos 2000, Mecenas, 2002), Mortgana (Premio Calendario 2000, Abril 2002); La cólera de Aquiles (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2004, Editorial Capiro, 2005), La cosecha y el incendio (Premio Manuel Navarro Luna 2004, Orto, 2006); Desertor del cielo (Premio Hermanos Loynaz 2007, Ediciones Loynaz, 2008), El sueño eterno (Premio Fundación de la Ciudad de Holguín 2007, Ediciones Holguín, 2008); Agujero negro (Editorial Oriente, 2012); Libro de buen dolor (Letras Cubanas, 2013) y Anestesia (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2016, Capiro, 2017). En 2019 ganó el Premio Hermanos Loynaz de Narrativa con el libro de cuentos «Sala de lecturas» (en proceso).

Posee además el Premio Dador 2008 (ICL), mención en el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2014 (ICL y la Uneac), el premio de poesía Ciudad del Che 2002 y 2012 (Comité Provincial de la Uneac, Villa Clara), el premio Ciudad Letrada de Reseña Crítica 2017 (CPLL en Villa Clara), el premio de narrativa Hermanos Loynaz 2019 y el Premio Extraordinario Ciudad del Che 2020 (Comité Provincial de la Uneac, Villa Clara).

Tiene publicados además el libro de crítica literaria Predios y Liras (Capiro, 2010), los volúmenes de testimonio El Doctor Manigua (Premio Memoria 2012 del Centro Pablo, Ediciones La Memoria, 2013) y El Poseidón cubano (Premio de la ciudad de Cienfuegos Fernandina de Jagua, Mecenas, 2019); las colecciones de ensayos Nido de aves cantoras. Acercamientos a la poesía en lengua inglesa (Premio José Jacinto Milanés 2012, Matanzas, 2013) y El Partenón sin Fidias. Ensayos sobre poesía y ética (Capiro, 2019); y la novela Las muertes de María (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2014, Capiro, 2015).

Ha publicado traducciones de Percy B. Shelley, Robert Frost, Emily Dickinson, Hart Crane, Wallace Stevens, Allen Ginsberg, William Carlos Williams, así como ensayos de T. S. Eliot. En 2019 Ediciones Matanzas publicó su traducción de la antología Los Beat: poesía de la rebelión (selección, introducción y notas de los autores a cargo de Margaret Randall).

En 2016 el Centro Provincial del Libro y la Literatura en Villa Clara le otorgó el premio honorífico Ser Fiel. Fue Presidente de Honor de la Feria Internacional del Libro de Villa Clara en 2018, ese mismo año la editorial Capiro publicó el volumen La literatura es mi manera de ser. Acercamientos a la obra de Edelmis Anoceto.